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Un
Dios, Padre bueno
Por
lo tanto procuramos crear en nuestros colegios ambientes no
sólo moralmente sanos, sino también abiertos a la relación
espontánea con ese Dios Creador y Padre Bueno que nos presenta
la revelación cristiana.
Si faltara Dios en la cúspide de los valores, todo el sistema
se vendría abajo porque Él es el fundamento de la existencia
humana y de toda la creación. Dios es el único que puede llevar
a su perfección al ser humano, dado que Él lo conoce perfectamente
y lo ha llamado a su destino de eterna gloria a la comunión
perfecta con Él. Podemos decir, con Juan Pablo II, que "si
el hombre es solamente humano, no tiene ya raíces".
Quienes pretenden hacer desaparecer a Dios del horizonte de
la vida de los hombres, buscan desenraizarlos, quitarles ese
sustento fundamental de su existencia.
Jesucristo,
Camino, Verdad y Vida
El acceso a Dios se realiza a través de Cristo, Camino, Verdad
y Vida. Por ello la visión del mundo y de la Vida que queremos
dar a los alumnos es eminentemente cristiana. Llegar a impregnarse
del modo de ver a los demás, los acontecimientos, las diversas
realidades de la vida, que Cristo poseía.
La relación personal con Jesucristo ha de traducirse en la
vivencia de la vida de gracia que nos llega principalmente
por medio de los sacramentos y de la vida de oración y que
permite el florecimiento de las grandes virtudes cristianas:
la fe, la esperanza, la caridad, la obediencia, la humildad,
la mansedumbre, la pureza. Pero a Cristo lo encontramos a
través de la Iglesia que Él ha querido instituir como
sacramento universal de salvación. En este sentido, la formación
cristiana que queremos darles es especifica y claramente católica,
en total consonancia con el sentir de la Iglesia y del
Santo Padre.
He aquí todo un programa de vida evangélica y de formación
católica para nuestros alumnos, llamados a ser no solamente
buenos ciudadanos, buenos padres y madres de familia, hombres
de un comportamiento moral honesto, sino también principalmente
cristianos católicos, discípulos y apasionados seguidores
de Jesucristo.
La
realidad del pecado
Por la fe sabemos que el hombre, creado a imagen de Dios,
ha sido herido y debilitado en su naturaleza por el pecado
original y por todos aquellos pecados personales que constituyen
esa parte tan negra de la historia humana. Como secuela del
pecado original ha quedado, incluso después del bautismo,
la concupiscencia que inclina al pecado, convirtiendo la existencia
humana en una verdadera lucha, muchas veces dramática, entre
el bien y el mal, entre la llamada divina hacia una
siempre mayor perfección y la tendencia humana hacia lo más
bajo y ruin.
Las secuelas del pecado original son profundas y han debilitado
grandemente tanto la inteligencia como la voluntas del hombre,
afectando igualmente a su parte sensitiva. Es por ello que
nosotros, sin inculcar una visión pesimista del hombre, en
su educación, procuramos fortalecer la voluntad de nuestros
alumnos e iluminar su inteligencia para que estén preparados
a ese combate contra las propias pasiones y las fuerzas del
mal que encontrarán en sus vidas.
Nadie menos derrotista o pesimista que Jesucristo y, sin embargo,
aconsejo a sus discípulos en la hora trágica de Getsemaní
la vigilancia y la oración: "Vigilad y orad para que
no caigáis en la tentación (Mc.14,38), añadiendo en
seguida el motivo: "el espiritu está pronto , pero la
carne es débil." Por eso en nuestra pedagogía nos guiamos
por una sano realismo que no desconoce la profunda herida
de pecado en el interior del hombre ni tampoco la fuerza sanante
y elevante de la gracia de Cristo.
He aquí en síntesis las bases fundamentales de la educación
que la Legión de Cristo y las Educadoras Internacionales quieren
dar a los alumnos y alumnas de sus colegios. Este es
el programa que nos anima cuando abrimos las puertas de nuevo
centro educativo.
Es un programa de grandes metas: la excelencia
intelectual, moral, religiosa y física. Quizás se nos achaque
que nuestro ideal es demasiado alto. Pero no podría ser diversamente,
si los padres de familia nos confían a sus hijos para que
les demos lo mejor, no simplemente cualquier barniz de formación
o una formación desequilibrada, pues nuestros alumnos tienen
una alta responsabilidad ética y religiosa de cara a la humanidad.
Los que influirán en la marcha de una determinada sociedad
deberán recibir una educación que esté a la altura de la misión
social que les ha de ser confiada como líderes católicos de
las siguientes generaciones.
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