El
principio de la educación personalizada deriva de la irrepetibilidad
de cada ser humano a quien Dios ha dotado de una serie de
talentos y de dones propios, que no comparte con ningún
otro. Dios ni se repite en su creación ni "factura"
creaturas en serie; mucho menos a los seres espirituales
y libres. Además las circunstancias de cada hombre son diversas,
según el ambiente familiar, social, económico, cultural,
afectivo y moral en que se desarrolla su existencia.
No
se puede educar en masa, sino persona a persona. De aquí
los contactos personales de los alumnos con los directores,
con los prefectos de disciplina, los profesores o en general
con los miembros del equipo educativo. Tal principio pedagógico
no sólo es avalado por la teología y la filosofía,
sino que las mejores y más competentes escuelas pedagógicas
lo aplican y lo recomiendan como un medio extraordinariamente
eficaz en todo tipo de formación
Si la educación es personalizada se llegará a un conocimiento
profundo del alumno, desde todos sus ángulos posibles, con
el fin de ayudar.